Jabón de piruleta

Lunes, 9 de noviembre de 2020. Sigo poniendo la fecha a modo de bitácora pese a que siempre he tenido fechadas las entradas del blog por defecto y premeditadamente.

Quizá sea nostalgia, quizá lo hago porque me recuerda a aquellos cuadernos de viajes que antes los más osados aventureros escribían con temple de hierro, disciplina, buena caligrafía y determinación.

Pero yo había venido aquí a hablar de jabones, en verdad. Qué placentero es irse por las ramas a veces…

Hoy estrené jabón de manos. Uno rojo y con olor a piruleta, “junior”. A veces los compro de niños porque me encantan. Y la verdad es que cuando me lavé las manos por primera vez con él, me pregunté por qué tenía que ser “junior”.

¿Es que acaso somos tan hipócritas de pensar que el olor de piruleta solo le gusta a los niños, que es algo infantil? Me pregunto si por ser adultos se supone que estamos condenados a estar avinagrados, a vivir una existencia sin azúcar y a usar eternamente jabón de glicerina. Y el jabón de glicerina está muy bien, que no se me malinterprete… Pero un jabón de piruleta de vez en cuando no le hace daño a nadie.

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