Las palabras que no se llevó el viento

26 de agosto, una tarde de verano cualquiera. Hoy he decidido revisar a Machado y me he llevado una pequeña sorpresa. Y es que entre las páginas de su obra completa, un libro que no tocaba desde los 19 años, he encontrado una carta de amor, o más bien de desamor. Está escrita en tinta granate, como la sangre, y con una caligrafía y una tristeza que algún día fueron mías pero que hoy ya no lo son. Admito que al terminar de leerla no he podido evitar sentir un doloroso pinchazo en el corazón. Para que luego digan que las palabras se las lleva el viento.

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